Preparar el transporte de plantas


Las plantas le sientan muy bien a tu hogar, eso es algo que ya te hemos demostrado sobradamente aquí. Sin embargo, tienes que cuidar mucho su transporte para que cuando lleguen a casa no estén destrozadas o dañadas. Si vas a llevarlas en el coche, conviene que pongas en práctica algunas precauciones.

Si las plantas van en macetas pequeñas, lo mejor es agruparlas dentro de una caja de cartón, separarlas con papeles gruesas y estabilizarlas para que no se muevan de un lado para el otro. El maletero suele ser el lugar idóneo para colocarlas, nunca en la bandeja del coche porque ahí se pueden caer con un simple frenazo o acelerón. Por si fuera poco, también sufren el peligro de recibir sol y calor en exceso.

Las macetas de grandes dimensiones tienen que embalarse por completo con cartón y papel. Además, hay que proteger las plantas con una bolsa de plástico unida al tronco. Aunque el follaje se apelmace, no se estropeará tanto que si la llevamos sin embalar. En ese caso, como probablemente no nos cabrá en el maletero, lo mejor será llevarla en el asiento del copiloto en una posición fija para evitar que el sustrato de la maceta se vaya perdiendo.

La sequedad ambiental mata a las plantas


Uno de los problemas más comunes en todos los hogares es la sequedad ambiental que provocan los radiadores, principales enemigos de las plantas de interior en las pueden aparecer manchas, habitualmente de color marrón claro. Algunas especies directamente pasan a la caída temprana de las hojas.

El uso de la calefacción en invierno reseca el ambiente y puede perjudicar a la vegetación.

¿Las plantas se nos están muriendo? No te preocupes, la solución es bien simple y basta con aportarles más agua o regarlas de forma más continuada. También es conveniente humedecer las hojas con un pulverizador. Pero antes de pasar a la acción, es importante conocer las necesidades de riego. Un exceso de agua resulta contraproducente y puede encharcar el sustrato y llegar a dañar las raíces.

Plantas de interior: Gerbera, Calceolaria, Crisantemo y Kalanchoe

Gerbera

Planta perenne que presenta una roseta basal de hojas poco pecioladas. Las flores tienen un tallo corto y son de vivos colores que van del blanco y amarillo al rojo violáceo, pasando por tonos de rosa y rojo.
Necesita una mezcla de turba y mantillo o compost rico en sustancias orgánicas. En climas cálidos y templados, se puede plantar en el exterior a pleno sol. En el resto de lugares, es planta de interior, que requiere un lugar luminoso.
Resiste bien la sequedad. Basta regarla una vez por semana. En verano es recomendable regarla más habitualmente.

Calceolaria

Es una planta herbácea anual dotada de hojas bastante grandes dispuestas en roseta. Las originale flores se asemejan a bolsitas hinchadas en forma de zapatilla de colores que van del amarillo al rojo, pasando por el naranja y púrpura con manchas en castaño o negro.
Necesita un lugar luminoso y aireado, pero sin corrientes. Si se tiene en el exterior durante el verano, hay que buscarle una situación semisombreada hasta que muera al final de la temporada.
Riegos moderados y regulares de modo que la tierra nunca se seque del todo. Durante la floración, agradece un poco de abono líquido en el agua de riego.
Para alargar su duración conviene evitar los ambientes demasiado cálidos.

Crisantemo

Las hay de flores dobles y semidobles, cuya diversidad de colores es infinita. Hay variedades enanas y otras que alcanzan el metro de altura.
En el jardín, crecen en sitios claros y luminosos. En interiores, hay que protegerlos como sea del sol directo. Necesitan un suelo bien abonado.
Riegos moderados, más abundantes para las plantas que estén en maceta, ya que la pérdida de agua es proporcionalmente mayor.

Kalanchoe

Es una planta crasa, de hojas carnosas de color verde grisáceo o más brillante, según las variedades, y tiene unas bonitas y pequeñas flores rosas, amarillas, rojas o púrpuras, en forma de estrella o tubular.
Nacesita un ambiente muy luminoso y templado con algo de humedad.
Después de la floración hay que dejarla descansar algunas semanas sin abonarla y regándola muy poco. Es también momento adecuado para cambiarla de maceta, poníendole tierra nueva.

Plantas de interior: Azalea, Tradescantia, Coleo y Drácena

Azalea

Pequeño arbusto leñoso provisto de pequeñas hojas verde oscuro y flores agrupadas, cubriendo a veces la superfície total de la planta y cuyo colorido varía del blanco al púrpura, pasando por el rojo escarlata, rosa salmón y blanco-rosa.
Necesita tierra de brezo y un lugar claro y fresco en el interior de la casa, sobre todo si disponemos de calefacción. Durante el verano, podemos sacarla a la terraza, a media sombra.
Es importante regarle las hojas con el pulverizador. Es conveniente que tenga siempre la tierra húmeda, pero nunca encharcada.

Tradescantia

Hay distintas variedades. Tienen comportamiento rastrero y sus flores son de poco interés, sobre todo en la tradescantia manchada.
Son plantas resistentes que crecen bien en el exterior en climas templados. En regiones más frías, conviene tenerlas en el interior hasta que haga buen tiempo. Requieren un suelo blando con turba y arena y un lugar sombreado o semisombreado.
No les conviene riegos excesivos. Basta con regarlas cada ocho o diez días.

Coleo

Son herbáceas anuales o perennes dotadas de hojas de variadísimas combinaciones de colores, que son las que dan interés a la planta. Sus flores, muy pequeñas y poco lucidas, es recomendable cortarlas cuando empiezan a aparecer.
Necesitan un lugar bien iluminado pero sin sol y una buena tierra de jardín, mejor mezclada con algo de arena.
Es importanta regarlas a diario, sobre todo en interiores.

Drácena

Posee un tallo o tronco anillado y unas hojas largas y estrechas verde oscuro.
Necesita una tierra suelta y un ambiente luminoso y caldeado. Le basta con un riego semanal con algún fertilizante.
Una drácena, bien cuidada, puede llegar a los dos metros, después de algunos años. Para ellos, se debe cambiar de maceta cada año, en primavera, cuidando de no dañar las raíces.

Plantas de interior: Pluma, Espina de Cristo, Palmera Enana y Tulipán

Pluma

Tiene hojas bastante gruesas y largas, dispuestas en roseta, y de un color verde azulado mezclado con tonos más oscuros.
Necesita una tierra ligera y estar situada en lugares muy luminosos, pero no a pleno solo, aireados. cálidos y húmedos. Hay que regarla cada 8 o 10 días. Para que la tierra se conserve húmeda, un buen truco es envolver la maceta en papel de aluminio o introducirla en otro recipiente mayor lleno de arena.

Espina de Cristo

Es un arbusto espinoso que alcanza diferentes alturas según su situación. Puede llegar a medir un metro y medio. Las hojas, verde brillante, tienen en su base una espina, que queda cuando éstas van cayendo, dejando el tallo repleto de ellas. Las flores son pequeñas, de color rojo y no demasiado bonitas, aunque muy perfumadas.
Requiere un suelo bien drenado con una mezcla de arena y buena tierra de jardín.
Riegos espaciados, algo más frecuentes en verano. Resiste bien la sequía. Es una planta muy resistente que no requiere demasiados cuidados.

Palmera Enana

Pueden llegar a alcanzar entre 1 y 2 metros de altura. Poseen unas hojas pequeñas y esbeltas que van alternándose sobre un tallo que recuerda al del bambú. Dan pequeñas flores amarillas en el extremo de largos filamentos.
Aceptan cualquier lugar donde no estén a pleno sol. En verano, se pueden sacar a la terraza colocándolas en un lugar resguardado.
Hay que regarla cada 7 o 10 días en invierno y con algo más de frecuencia en verano.
Necesitan para desarrollarse macetas estrechas y altas, con un buen drenaje, ya que el agua encharcada pudriría las raíces.

Tulipán

Se trata de una bulbosa herbácea, con hojas lanceoladas de color verde brillante, cuyo único tallo porta la flor en forma de copa o campana, de variadísimos colores lisos o jaspeados.
Necesitan una tierra de jardín arenosa o turba y arena a partes iguales. Durante el periodo en el que están echando raíces, en la oscuridad, requieren una temperatura templada. Cuando empiezan a salir los brotes, se pasa la maceta a una habitación caliente y cuando florece conviene situarla en un lugar luminoso, pero más fresco para que la flor dure.
Mientras echan raíces, mantener la tierra humeda pero no encharcada. Regar después regularmente, hasta que se sequen las hojas y se retire de nuevo el bulbo para el año siguiente.
Limpiar los bulbos antes de guardarlos en un lugar aireado y seco.