
No es nada extraño que un grifo se estropee con el paso de los años. Los solemos utilizar día a día durante mucho tiempo y eso al final suele pasar factura. Las principales averías de los mismos son el goteo, la pérdida de caudal, el ruido al girarlos y las indeseadas fugas. Normalmente esto sucede cuando el grifo es bastante antiguo. La mejor solución no es intentar repararlo, lo mejor es cambiarlo por otro. Con ello optimizaremos el consumo de agua, con el consiguiente ahorro de dinero que eso supone.
Los grifos podemos dividirlos en dos grupos: los monomando y los mezcladores. La principal diferencia entre ambos está en que los primeros disponen de un cartucho de cerámica mientras que en los segundos encontramos juntas de zapata.
El cartucho es bastante frágil y requiere mucho cuidado al utilizarse. Sin embargo, a su favor hay que decir que logra una mayor estanqueidad. El material cerámico es mucho más resistente al desgaste, a los cambios de temperatura y a las presiones. Las fugas y los goteos son menos frecuentes gracias a este material. Por último, los monomando también son preferibles gracias a su mecanismo de accionamiento. Este permite ahorrar agua en operaciones como el cambio de temperatura o el cierre del caudal.






















































